Ideología y diccionario: un gesto de lectura a propósito de la voz 'colonizar'

Escrito por Daniela Lauria. Publicado en En voz alta

Perfil

Por  Daniela Lauria
Universidad de Buenos Aires / CONICET

 

14 de Mayo de 2020 

Tradicionalmente los diccionarios monolingües han tenido como efecto de sentido el de un saber neutro, verdadero, legitimado socialmente y estable o con una aparentemente muy escasa variación a lo largo del tiempo. Comúnmente, se los concibe como obras de consulta que parecen representar la supuesta unidad (y totalidad) de la lengua que registran y describen, siempre parecida a sí misma. El texto lexicográfico (compuesto fundamentalmente por las voces que se consignan y las definiciones que se formulan), sin embargo, no remite de manera directa, unívoca e incontrovertible a realidades (objetos, experiencias, fenómenos, etc.), sino que comporta una dimensión ideológica vinculada con las condiciones de producción en las cuales se elabora tanto las circunstancias de enunciación (quién y cuándo lo produce, a quién está destinado, cuándo y dónde se publica) como el contexto sociohistórico más amplio (factores de orden político, económico, educativo, cultural, demográfico, tecnológico y científico).

Los diccionarios son, entonces, construcciones que rescatan ciertos momentos de las sociedades en las cuales se forjan y para las que están dirigidas. Constituyen, de este modo y pese al hecho de que en la larga duración presentan una notable estabilidad genérica (partes y secciones en que se dividen (mega, macro y microestructura), categorías que utilizan, organización de las secuencias que exhiben, etc.) y una ilusión de objetividad, discursos donde se asoman y se esconden sistemas ideológicos que activan (y, por supuesto, también borran) determinados lugares de la memoria social. Esto se revela tanto en el componente programático expuesto en títulos, prólogos y prefacios como así también en la selección de voces que conforman la nomenclatura y en el tratamiento que se les dispensa a dichas voces en los artículos (enunciados definidores, orden de las acepciones, catálogo de marcas de uso (gramaticales, diacrónicas, diatópicas, diastráticas, diafásicas, diatécnicas, de frecuencia de uso, de transición semántica), ejemplos hechos ad hoc o citas documentadas, observaciones de distinta índole (etimológica, sintagmática, paradigmática), etc.).  

Así pues, resulta interesante desentrañar el sentido histórico-ideológico que asume cada obra mediante el análisis de las variaciones formales (léxicas y sintáctico-enunciativas) que la atraviesan. Con ese objetivo, mostraremos un breve ejercicio de análisis e interpretación, un gesto de lectura. Se examinarán, así, las definiciones del vocablo colonizar en una serie compuesta por tres diccionarios actuales de la lengua española. 

La serie de diccionarios  

Abordamos tres repertorios integrales que forman parte de proyectos glotopolíticos con dinámicas normativas diferentes debido a las posiciones que ocupan en el campo lexicográfico contemporáneo del español. En primer lugar, la vigésimo-tercera edición (2014) del Diccionario de la lengua española (DLE) de la Real Academia Española y de la Asociación de Academias de la Lengua Española. Este diccionario ha sido considerado, a lo largo de la historia, como el “diccionario oficial” debido a que la academia se ha autoproclamado a partir de una serie de operaciones retóricas de legitimación como la única autoridad prescriptiva a ambos lados del Océano Atlántico desde el siglo XVIII. En segundo lugar, el Diccionario integral del español de la Argentina (DIEA) publicado en Buenos Aires en el año 2008 por la editorial Tinta Fresca del Grupo Clarín. Y, finalmente, el Diccionario del español de México (DEM) que vio la luz en 2010 a través de El Colegio de México.

Es importante señalar que estas dos últimas obras son las únicas propuestas de diccionarios integrales surgidas en América Latina: la primera como resultado de una iniciativa privada y la segunda llevada adelante con financiamiento estatal. Ambas comparten, sin embargo, el hecho de que inauguran una nueva manera de entender la práctica lexicográfica ya que quiebran la tradición de diccionarios complementarios, contrastivos y diferenciales que predominó en la historia de la producción diccionarística de la América de habla española (diccionarios de argentinismos, diccionarios de mexicanismos, diccionario de americanismos). En este sentido, estos dos repertorios participan de un proceso político de afirmación de la soberanía lingüística en la medida en que elaboran instrumentos lexicográficos endonormativos a partir de sus propias bases de datos (corpus) y evitando toda copia o refundición de las definiciones de los diccionarios académicos. Al mismo tiempo, son piezas clave del dispositivo normativo pluricéntrico y multipolar del español contemporáneo.  

La voz colonizar 

Los recortes de los enunciados definidores de la voz colonizar son los siguientes:  

DLE 

colonizar

1. tr. Formar o establecer colonia en un país. 
2. tr. Fijar en un terreno la morada de sus cultivadores.

colonia

Del lat. colonia, de colōnus 'labrador1', 'colono'.
1. f. Conjunto de personas que, procedentes de un territorio, se establecen en otro.
2. f. Territorio o lugar donde se establece una colonia.
3. f. Territorio fuera de la nación que lo hizo suyo, y ordinariamente regido por 
leyes especiales.
4. f. Territorio dominado y administrado por una potencia extranjera.
(…).

DIEA 

colonizar

1. tr. Referido a un Estado, ocupar un territorio extranjero para dominarlo y explotarlo 
económica y políticamente: Estos países luego irían a colonizar los territorios africanos.
2. tr. Referido a un conjunto de personas, establecerse en un territorio diferente 
del de origen para poblarlo y trabajar en él: Junto con un grupo de galeses exploraron
y colonizaron los valles andinos
.
3. tr. Referido a un organismo, establecerse y dominar un nuevo territorio: 
La bacteria coloniza el tubo digestivo y libera la toxina.

DEM 

colonizar

v tr (Se conjuga como amar)
1 Establecer un país su dominio económico, político, militar o cultural sobre otro.	
2 Establecerse un grupo de personas en un lugar distinto al de su procedencia, 
con el fin de explotar sus recursos.

Al analizar la primera acepción ofrecida por cada diccionario, se observa que en el DIEA la acción de colonizar corresponde a la de “ocupar”. El uso de este verbo trae aparejada la idea de control militar de un determinado territorio. En el enunciado definidor del DIEA, el verbo “ocupar”, transitivo, tiene por objeto un territorio extranjero, que delimita que colonizar no significa ocupar cualquier lugar, sino específicamente “un territorio extranjero”. Asimismo, se agrega la finalidad: “para dominarlo y explotarlo económica y políticamente”. En el caso del DEM, si bien se usa “establecer” se mantiene la imagen de dominio económico, político, militar y cultural de un país sobre otro y esto, aunque no se exprese, no puede hacerse pacíficamente.

Al definir el mismo vocablo, el enunciado del DLE es, por el contrario, extremadamente sucinto y relaciona colonizar con “formar y establecer”. Dichos verbos remiten a un proceso natural, que además no connota ningún tipo de violencia física o simbólica. El objeto es el sustantivo “colonia”, que, entre las acepciones consignadas para esta palabra en el diccionario, se encuentra “territorio dominado y administrado por una potencia extranjera” (acepción 4). La acción indicada por administrar tiene carácter positivo y atenúa el valor negativo que conlleva dominar. Por otra parte, si se sustituye en el enunciado definidor de colonizar la voz “colonia” por su propia definición, se obtiene: “Formar o establecer [territorio dominado y administrado por una potencia extranjera] en un país”. En definitiva, se concluye que colonizar es la acción realizada por una “potencia extranjera” que domina y administra el territorio de otro país. Sin embargo, la definición se muestra más inofensiva pues saca de la escena el agente “potencia extranjera”. La idea de “explotación económica”, de saqueo sobre la que se extrae riqueza mediante la fuerza presente explícitamente en el DIEA y más veladamente en el DEM no figura en el DLE, pero, de cierta forma, se puede recuperar en la definición de colonia.  

Sobre la colonización y descolonización lingüísticas

El análisis de las variaciones de los enunciados definidores expone su constitución y las huellas histórico-ideológicas que los determinan y traspasan. Los diferentes modos de definir aquello que se entiende por colonizar se enlaza con particulares representaciones que evocan distintas memorias discursivas. Siempre que se interviene sobre el espacio público del lenguaje como con la elaboración de un diccionario monolingüe, se lo hace desde alguna posición y de manera funcional a específicos intereses. En este caso, no hay duda de que las motivaciones son geopolíticas y económicas, tanto desde una perspectiva histórica como actual. 

Los tres diccionarios configuran espacios de diferenciación lingüística, que producen y reproducen relaciones políticas y sociales. En tanto el discurso lexicográfico ha seguido el ritmo de las necesidades de los Estados nacionales y, en el presente, de las grandes áreas idiomáticas propias de la globalización, es lógico que el DIEA y el DEM se ubiquen en forma crítica frente a ideología lingüística que emana del “centro”, esto es, del diccionario académico. Dicho de otro modo: los diccionarios americanos se distancian del patrón de referencia y desestabilizan el discurso de la herencia, en particular de ciertos sentidos atinentes a la relación política con España tanto de ayer como de hoy.  

En los territorios que sufrieron un proceso de colonización en los que se trasplantó la lengua de sus ex metrópolis y deben desprenderse del peso de ese pasado, se reconocen dos memorias. Por un lado, la de los efectos (todavía vigentes) de la colonización lingüística. Y, por otro, aquella que rompe con la memoria instaurada, instalando una nueva matriz de sentidos, derivada de la propia experiencia histórica en un lugar distinto y lejano (o, mejor dicho, en varios lugares distintos y lejanos). En este segundo caso se está frente a un gesto glotopolítico de descolonización lingüística.